Elias con acento en la “i”

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Mi primer partido de futbol como prensa acreditada – Capítulo 1

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Capítulo 1: Preparativos y llegada a Viña del Mar

El miércoles fue mi primera vez como prensa acreditada en un partido de futbol, o incluso en cualquier ámbito, y fue nada más y nada menos que en un partido de mis Chivas del Guadalajara, aquel que empataron 1-1 con Everton, para así avanzar a los octavos de final de la Copa Libertadores.

Todo empezó cuando le dije a un amigo de la universidad que tratáramos de acreditarnos para el partido, y se me ocurrió pedirle a Arturo Miguel, webmaster de The Futblog, que solicitara las acreditaciones a la directiva del Everton. Él lo hizo, ésta accedió y así comenzó mi primera experiencia como periodista.

El martes en la noche alisté lo que creía necesario: cámara de fotos, grabadora, laptop, libreta de notas, pluma y celular. Todos cargándose, haciendo espacio en la tarjeta de memoria para las fotos y demás.

Al día siguiente, Álvaro Saavedra (mi amigo) y yo nos subimos a mi carro aproximadamente a las 10:30 de la mañana para partir rumbo a Viña del Mar, aproximadamente a 125 kilómetros de Santiago de Chile. Una escala en la gasolinera para no quedarnos varados a mitad de la autopista y para comer nuestro primer alimento del día: un hot dog cada quien. No muy nutritivo, pero suficientemente llenador y rápido de comer.

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Entonces sí, tomamos la autopista 68 rumbo a Viña, a donde llegamos bastante rápido, esperando poder llegar a tiempo para buscar los gafetes de prensa en las oficinas del club chileno, ubicadas en un centro comercial, junto a la plaza central de la ciudad.

Ahí nos recibió el periodista del Everton, quien nos dio los gafetes, uno con una estampa que decía “Cancha” en la parte trasera, lo que le daría a Álvaro permiso de estar a unos centímetros de los jugadores, mientras que yo debería conformarme con estar en las gradas viendo el partido, para después hacer el trabajo que fuera necesario (que según yo iba a ser mandar material por internet mientras se desarrollara el encuentro).

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Salimos de ahí y nos fuimos a buscar algo para comer (aproximadamente a la 1:30), no sin antes dar una vuelta por la plaza central y pasar a la oficina de turismo en busca de un mapa de la ciudad, para ubicarnos bien y no perdernos en nuestro camino rumbo al Sausalito, el estadio de los “Ruleteros”. Entre nuestros planes también estaba ir al Hotel Sheraton Miramar, donde se hospedaba el Guadalajara, para buscar alguna foto de un jugador o declaraciones.

En fin, subimos al auto en busca de un lugar para comer, y luego de una vuelta equivocada, nos “perdimos”, lo que nos llevó a dar una vuelta supuestamente enorme (era lo que creíamos), pero que en realidad nos guió justo al hotel de concentración. Alguien quería que primero fuéramos al hotel y luego a comer.

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Llegamos, dejamos el auto y fuimos a la recepción. La recepcionista nos dijo que la encargada de prensa de las Chivas había prohibido contacto alguno de los jugadores con los medios de comunicación antes del partido, así que tuvimos que irnos, esperando mejor suerte más tarde. Entonces vimos a un grupo de personas con la camiseta rayada, quienes resultaron ser entre estudiantes mexicanos en Chile, fanáticos del Guadalajara que venían desde México e incluso trabajadores chilenos de Omnilife que sentían ya el color del “Rebaño Sagrado” y que esperaban con ansias el partido, esperando obviamente que avanzaran a octavos de final. Ahí platicamos con ellos un rato, tomamos la foto que ven, y finalmente nos despedimos de ellos y nos fuimos.

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Ahora sí, de nuevo al auto en busca de algún lugar tradicional para comer, alguna fondita o algo así. Ese mismo “alguien” de antes quería que no comiéramos en una fondita, por lo que nos perdimos (otra vez) y fuimos a dar a un Mc Donald’s (nunca falla…). Era el único lugar con estacionamiento asegurado, y ya un lugar familiar para los dos, así que decidimos quedarnos ahí a comer algo antes de irnos al estadio. Una Big Mac con papas y Fanta, además de una pasada rápida a usar los “servicios” del restaurant antes de irnos.

De nuevo al carro, pero ahora sí con una ruta bien planeada y el destino fijo: El Sausalito de Viña del Mar, casa del Everton SADP.

Continuará…

Fotos: Álvaro M. Saavedro Jeno/Elias Arriazola Lujambio

La maravilla de Facebook

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Un pequeño texto al que le debo una muy buena calificación en mi clase de Redacción de la universidad (cambié el nombre de la entrada por razones que conocerán al leer el texto):

La maravilla del Internet

Estoy en mi departamento y entonces recuerdo que necesito revisar mi correo electrónico, como ya es costumbre para millones y millones de personas.

Voy al estudio, me siento frente a mi laptop y con un click estoy revisando mis mensajes. Entonces veo que me llegaron dos mensajes de Facebook, esa llamada red social en la que me creé una cuenta hace varios meses, pero que hasta hace una semana le presté atención por una nota que vi en La Tercera, en donde se habla de este fenómeno que está llegando a Chile.

Uno de los mensajes es para invitarme a un grupo llamado Le Lycée Vincent Van Gogh sur Faceboook, osea un grupo para que los antiguos y actuales estudiantes del liceo francés de La Haya se reencuentren. Obviamente acepto la invitación, y es entonces cuando comienzo a ver fotos viejísimas de compañeros y amigos míos.

Gente a la que ni siquiera recordaba comienza a aparecer. Los nombres que aparecen en pantalla me saltan rápido a la vista y su foto corresponde a aquel vago recuerdo que tenía en mi cabeza de tal o tal persona con la que estudié durante meses o años.

Encuentro una foto de un viaje que hicimos al sur de Francia, un lugar llamado Camargue, famoso por sus caballos blancos, sus toros y sus pantanos. Ahí pasé uno de mis tantos veranos con mi clase del liceo, en aquellos viajes llamados Classe Verte (Clase Verde), en donde hacíamos actividades divertidas y aprendíamos muchas cosas. En esa foto estoy yo, con una gorra naranja y asomándome con cara de travieso, pues estábamos jugando al juego de las sillas.

Sigo viendo las fotos que conocidos míos subieron a ese sitio y veo a otros amigos míos, cómo se ven hoy en día y cómo se veían cuando yo todavía no llegaba a Holanda. Aurélie, una de mis mejores amigas, aparece en una foto cuando tenía aproximadamente cinco años. Me comienzo a reir. Entonces aparece una foto grupal en donde aparecen diez amigos más. Unos enanos todos. Me río más y pienso que vale la pena poner un comentario de esa foto, entonces lo hago y prometo subir fotos que tengo guardadas en mis álbumes (pues en ese entonces todavía no existían las útiles pero frías cámaras digitales).

En menos de dos días me acuerdo de decenas de compañeros de aquella escuela y los agrego a mi lista de amigos. Encuentro a mi mejor amigo, al que le había perdido la pista, también a otros compañeros que me comentan lo buena que estuvo una fiesta que me organizaron hace muchos años y de la cual ya casi no me acordaba.

Encuentro a la niña que le gustaba a otro de mis amigos y también le mando un mensaje para recordar viejas épocas, pues por el momento es lo que puedo hacer (es difícil tomar un avión a Francia y recorrer medio país para encontrarme con mis amigos, sin contar a otros que están en países tan alejados como los Emiratos Árabes Unidos).

Entonces escucho el sonido de un taladro y regreso a Santiago. Veo por la ventana y ahí están los vecinos del departamento del frente. Ya no estoy en la playa, ni frente al liceo francés, ni en las Ardenas francesas. Estoy otra vez en Santiago, rodeado de edificios, de noche y frente a mi laptop.

Me propongo regresar mañana a esa maravilla que es el internet, para seguir soñando despierto y seguir buscando a la gente que estuvo junto a mí durante los mejores seis años de mi vida.

Escrito por Elias

Enero 2, 2008 a 12:45 pm