Rocinha_rio_de_janeiro_panorama_2010Recuerdo que en mis dos últimas visitas a Rio de Janeiro, a mediados de 2011 y 2012, el asunto de las favelas me generó sentimientos encontrados:

Primero, una cuyo nombre no recuerdo, pero que está junto a la zona de Leblon, “unida” a esta zona residencial de nivel socioeconómico alto por una especie de torre con un puente que llegaba a la entrada de la favela (obviamente con una puerta enrejada y vigilancia). Como una atracción turística más, dicha torre por la que podían atravesar los habitantes de la favela para bajar a un mundo totalmente distinto (habitantes del DF, piensen más o menos en Santa Fe, a la altura de la glorieta y Televisa, y el cerro que está justo frente al nuevo centro comercial, con casas escondidas detrás de espectaculares), tenía un mirador desde el cual los turistas podían sacar fotografías de aquellas casas, algunas sin terminar de construir, ni mucho menos de pintar.

Recuerdo que aunque la experiencia me resultó muy interesante, también sentí cierta indignación, pues me hizo pensar en una especie de safari: los turistas tomando fotos de los habitantes de las favelas que hacían su vida en lo que podría compararse también con un “reality show” para los ricos y turistas.

La otra experiencia, y que de igual manera refleja las abismales diferencias que existen en Brasil, fue en el camino a Barra de Tijuca, bordeando el mar desde Copacabana, Ipanema y Leblon.

Tal y como estereotipo de película (o caricatura), en un momento el camino se dividió en dos: de un lado, el camino “bonito” para seguir hacia Barra (una zona relativamente nueva de Rio de Janeiro, para la gente de alto nivel socioeconómico), y del otro, un camino que se adentraba en la favela de Rocinha, imponente en el cerro frente a uno.

Son las desigualdades en Brasil que hoy me hicieron recordar los noticieros deportivos, y la visita de la selección inglesa justamente a Rocinha, donde convivieron con niños y presenciaron un poco de capoeira.

Al ver las tomas de los futbolistas ingleses, me queda claro que a nivel local han sido muy inteligentes acerca del tema: hacer de estos asentamientos irregulares una atracción turística y una característica propia de Rio y otras ciudades brasileñas, incluirlas en el “paisaje” que ya se conoce cada vez más a nivel mundial, para que se olvide por momentos lo que sucede realmente en estos lugares cuando los futbolistas y los reporteros que los siguen regresan a las zonas más acomodadas de Rio de Janeiro o de Brasil.

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